martes, 8 de noviembre de 2011

¿Quién soy yo?

He de dir que no tan sols escric en català, és més, crec que a mesura que passi el temps els relats castellans guanyaran la partida als altres. Aquí deixo el primer.

Dos pequeñas luces oscuras calcan el reflejo de mi triste rostro. Desconcierto. Desconfianza. ¿Quién es ella? debe pensar. Soy yo. La de siempre. La pequeña. La que siempre te pedía aquellos caramelos suaves y dulces. Nada ocurre.

Nunca quiso dejarse el cabello de ese tono blanco, ella siempre quería un tinte. Su ropa nunca era de colores claros, era siempre oscura. ¿Por qué ese cambio? ¿Por qué ahora que ya no puede darse cuenta de lo que le pasa?
Ella no escogió eso, le vino como si de un resfriado se tratase. Nunca ha hecho mal a nadie, persona pacífica que siempre ayudaba y ofrecía cualquier cosa a cualquier persona. Ahora, en cambio, ya no puede hacer nada, simplemente estar sentada mirando a través de las personas que quieren ayudarla en vano. Miradas vacías, palabras sin sentido, pero palabras. Cortas sonrisas que siempre acaban difuminándose. Ojalá mostrara ese rostro feliz causado por el amor de su gente. Su gente, ya queda poca. Poco a poco todos se van, cabizbajos, pensando en qué podría haber sido de ella si la tristeza no se hubiese abalanzado encima de su persona. Queremos recordarla como era antes, pero su reciente imagen invade nuestro ser. No podemos hacer nada para evitar la situación.

Le hablo, me mira, y ya está. Quién me hubiera dicho a mí hace unos años que la persona por la que yo daría la vida, por la que entregaría el alma, estaría así. Nacimiento, infancia y adolescencia ha vivido de nuestras vidas, de los pequeños de la casa. Siempre allí, hombro con hombro, a nuestro lado. Nunca dijo un no. Siempre era sí. Sí quería recoger a las pequeñas, sí quería comprarles una dichosa bolsita de caramelos, sí quería vivir para ellos. Nunca había sido persona de caricias, es más, ahora aún sigue rechazándolas, pero siempre se dejó querer. Por todos. Por los suyos. Por ellos. Por mí.

Sus ojos no muestran aquella luz que ya en aquellos tiempos tampoco era muy potente por desgracias ocurridas a su alrededor, pero ahora ni si quiera muestra un atisbo de felicidad. Nada. Vacío. Los que realmente la aman profundamente estarán a su lado hasta que el destino diga basta. Porque lo importante, como bien dijo alguien un día, es que ella no sabe quién es, pero nosotros sí sabemos quién es ella. ¿Qué seríamos nosotros sin ella? ¿Quién soy yo sin ella?


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